Y, entonces, desperté

Es complicado escribir sobre esto. Tan complicado como me ha resultado dar el paso.

Una de las cosas por la que me ha costado dar el paso, y por la que me cuesta contároslo, es porque, quizás, pueda decepcionaros, o al menos, y lo que me da más miedo, es que mis palabras pierdan peso y pierda mi credibilidad. Sobre todo en algo que me importa mucho, porque lo hice de corazón(por entonces no era una mitad (=$)): mis promesas.

Quizás alguno se lo olía. Por ejemplo, cuando lo comenté en casa, ya me decían que era algo que cabía dentro de las posibilidades de mi futuro inmediato. Y la verdad que dentro de mis posibilidades había tapizado esa opción.

Bueno, todo tiene un comienzo, así que empezaré a narrar desde el mismo, aunque en realidad esto es fruto de un proceso largo, de varios años, que ha culminado en este amasijo de ideas liadas en el que me encuentro…

Erasé una vez un niño, que según dicen los que lo vieron, era muy energético y alegre, con ricitos por pelo (en la guardería era “el niño del pelo de ceritos”). Ese niño era abierto y despierto, y desde siempre ha estado soñando. Primero quería ser astronauta, después presentador de televisión (Ramón García en concreto (dios… mi reputación por los suelos…)), a continuación negro (sí, negro, quería ser Will Smith), y así, sucesivamente, muchas cosas y más.

Entonces, un buen día, a la edad de cinco añitos, su papá, junto a su tito Carlos, decidieron comprar para la casa un ordenador, es decir, para aquel niño era una televisión con caja, una cosa con letras, y otra con bolita. Ese ordenador, por cuestiones de espacio, pasó a estar en su cuarto, ocupando su escritorio. Como el pequeño científico que es cada niño, comenzó a experimentar con él, y lo primero que descubrió, y lo que más lo marcó (o al menos lo que más ha hecho prácticamente delante de un ordenador) fueron los videojuegos.

Pronto se convirtió en el que mejor sabía usar el ordenador de la casa, a pesar de estar en inglés todo, y a pesar de ni siquiera saber leer. Según cuentan, ese niño escribía en una hoja los dibujitos de los iconos para llegar a los sitios que le interesaban. Con ese primitivo ordenador pasó muchos años, ya sabiendo leer y con más conciencia en lo que hacía. Como anotación personal, creo que parte de mi nivel de inglés lo adquirí en esta época, aunque no de manera consciente.

Entonces, sus padres, como veían que le gustaba mucho el ordenador, y como habían abierto una academia de informática enfrente de su casa, decidieron matricularlo. Así fue como conoció a MS-DOS, como comenzó a perfeccionar el arte del Office (conjunto de programas que, si sabes leer y te apetece investigar, haces de todo), y se metió en los terrenos más abruptos del diseño web, es decir, HTML, y dio sus primeros pasos en la programación por medio del pseudocódigo, y, posteriormente, con Visual Basic.

Obviamente, el niño ahora quería ser informático. Y además, su “amino” (padrino dicho por un niño chico), que era el tito Carlos, en cierta manera lo adoctrinó y le contó por primera vez que existía la carrera de Ingeniería de Sistemas. Todo era perfecto, ya tenía una meta. Además, según sus profesores del colegio, tenía la capacidad.

Y tras la meta, se construye el sueño, aunando el trabajo de su vida con la pasión de su infancia, los juegos. No quería ser un simple informático, quería ser un diseñador de videojuegos.

Y muy bien, el niño ahora convertido en… ¿pseudo-adulto?, en lo que sea, está estudiando la ingeniería informática de sistemas.

Pero desde que se marcó esa meta con unos 8-10 años, hasta los 18 que ahora tiene, algo ha cambiado. Muy mucho. Lo suficiente para tirarle encima el peso de un sueño roto. Se había despertado. Ya no estaba soñando con la informática, ya no quería hacer videojuegos. Ya no quiero. No sabría expresar el porqué con suficiente elocuencia. Pero simplemente ha dejado de aportarme ese no se qué que nos motiva en la vida.

Este cambio comenzó a hacerse latente hace dos años, al empezar bachillerato, pero en realidad su origen tiene lugar antes, a comienzos de la ESO, cuando en su vida entró una materia y un profesor de los que te hacen apasionarte por dicha materia. Biología y Juan Campos, respectivamente. Y no es que quiera ser biologo, ni que ese hombre haya sido un punto de inflexión en mi existencia, por favor, no. Simplemente me enseñaron algo que yo no conocía, las ciencias naturales y de la salud, esa rama que, en mi infancia, por las razones que me rodeaban (¿contexto socio-histórico? Nadie en mi familia ha sido médico nunca, de hecho, en el entorno cercano de primos en las dos ramas, las únicas con carrera son mis hermanas) no conocí y no tuve la oportunidad de convertirlas en mi sueño. Había empezado la batalla.

Ya cuando tuve que elegir bachillerato, cogí el de la salud por dos razones: medicina se vislumbraba como la culminación de esa rama nueva que comenzaba a gustarme y porque tenía el mayor número de materias que iban a suponerme un año lo suficientemente interesante.

Los que me conoceis nada más que del Góngora, de este año, en vuestra mayoría, casi nunca me habeis visto hacer resaltar dicho interés de manera notable. Todo se remonta a 1º de bachillerato y la decepción con sus circunstancias agravantes. Básicamente, las asignaturas que no eran de mi itinerario en sí, sino las obligatorias, lengua, francés y filosofía para concretar, recibieron calificaciones muy bajas en contraste con las que sí eran del itinerario, bajando notablemente mi nota media, y alejándome lo suficiente de medicina. La circunstancia agravante era que había tenido un año muy bueno y con resultados destacables en la optativa de informática. Entonces, la parte de mi ser que luchaba por informática ganó una batalla, y entré en 2º de bachillerato con esa intención, llegar hasta informática.

Pero a principios del 2º trimestre de 2º de bachillerato tomé la decisión de cambiarme de sitio (algo que ha tenido muchísimas repercusiones). Concretamente a la primera fila, y rodeado de los médicos de la clase (Edu, Cristina y Lola (Eu, lo siento, estabas en la otra fila)) y de mentes muy sobresalientes como la de Mascen o Ángela. No sé si por ósmosis o porque Eduardo me ignoraba en clase cuando me aburría y tenía ganas de tontear, comencé a mejorar mucho mis resultados. Muchísimo. Medicina no era algo lejano, ¡podía palparlo! De nuevo, la balanza se decantó hacia otro lado. Conseguí una nota media de Bachillerato de la que me siento orgulloso, y durante un tiempo fui enormemente feliz (recuerdo ir con Cristina a hablar con Maribel, la de historia, sonriendo de oreja a oreja, al igual que ella, a decirle que lo habíamos conseguido).

Y, entonces, la selectividad.

El resultado de un curso y dos semanas de estudio intensivo acabó explotándome en la cara en ciertas asignaturas, de manera muy dolorosa. Primero, química, que me la suspendieron, y en la segunda corrección me subieron todo lo que podían la nota (a ese primer corrector, muchas gracias, de corazón, dreamcrusher(“aplastasueños”, para los no versados en la lengua de Shakespeare). Segundo, historia, que tras una carrera de exámenes que acabó en varios 9 altos y 10 en bachillerato, culminó en un examen de 7 bajo (otro gran corrector, de hecho, Maribel, la de historia, que estaba en el tribunal de correción, nos habló de él muy mal mucho antes de la selectividad. Desgraciadamente nos tocó ese tan criticado por ella). Tercero, matemáticas, pero eso era esperable, gracias a la maravillosa didáctica de Don Juan Gómez, con el que vomité exámenes, pero nunca importó, total, haría media con inglés en selectividad (por supuesto, esto no lo digo yo, lo dijo él, que conste)

Todo esto, sumado, tiro por los suelos la media una vez. Lo suficiente como para estar en el 503 en la lista de espera de julio. Lo suficiente para ser el 2XX en la 2º lista de septiembre. Lo suficiente para acabar siendo el 30-40 en la lista final. No había conseguido entrar en medicina. Algo que ya lo supe todo el verano, pero quise mantenerme esperanzado hasta el final.

Ya quedaba la única opción, la inicial, Informática. Y me matriculé.

Todo, en principio, “muy bien”. Pero fue todo fruto de una irresponsabilidad por la que voy a pagar un precio. Estas semanas previas a la universidad, básicamente, me preocupé de todo menos de la universidad. No sabía muy bien donde me metía. Solo lo tenía en mi mente como la única opción viable, el camino que se me había marcado. Y una vez empecé, surgió en mi mente una pregunta: ¿Qué hago en esta carrera? Y la respuesta me ha acosado sin cesar desde entonces: Este no es tu lugar, no haces nada aquí. Sé que llevo poco poquísimo, pero como mucha gente me ha dicho (y con gente me refiero a las personas con experiencia en este tipo de asuntos y de las que me fío), estudiar algo que no me gusta va a ser una tortura, no por estos cinco años, sino que probablemente por toda la vida.

Así que desde el miércoles pasado, cuando pisé por primera vez la facultad, he tenido una presión sobre mi cabeza que me ha causado una angustia con muy pocas veces (por suerte) he tenido en mi vida.

Una vez le dije a una persona especial que, si en algún momento no le gustaba lo que tendría que hacer, que no dudará un segundo en echarse atrás y rectificar, que hay que ser más valiente para eso que para aguantar del tirón lo que se te eche por no romper y cambiar. Me gusta hacer honor a mi palabra. Y eso he hecho.

Voy a dejar la universidad.

Y cuando lo decidí, se lo dije a mi familia, y pensé en las opciones que ahora se me abren, sentí como, de repente, todo esa presión y angustia desaparecieron.

Antes de hablar de las opciones, quiero algo claro. No pienso romper mis promesas. Prometí seguir el blog, y lo haré (aunque quizás le cambie el nombre), prometí mejorarlo y seguiré intentándolo, y prometí que sería el mejor de mi promoción de informática, he de rectificar, voy a ser el mejor en el ciclo que voy a intentar a hacer o en la otra opción (ahora desarrollaré más estas opciones), porque después de todo es lo mismo, ser el mejor para poder así alcanzar mi sueño. Sólo que el sueño ha cambiado.

Por eso, entonces, desperté. Me di cuenta de todo esto, y decidí poner orden.

Y eso hago ahora, intento poner orden. Las opciones posibles son dos. La primera es hacer un ciclo formativo de grado superior, específicamente quiero hacer Laboratorio de Diagnóstico Clínico (que mis dos hermanas han hecho, con sobresalientes resultados, de hecho, mi hermana mayor fue la mejor de Andalucía de su ciclo). El problema es que solo entraré si hay plaza libre. Mañana o pasado lo sabré. Crucemos los dedos.
La segunda opción, el plan B, es repetir selectividad. Lo que haría sería hacerme un horario de lunes a viernes para todas las materias e irme a la biblioteca rigurosamente, y prepararme durante todo el año de esta forma. Por las tardes intentaría trabajar de profesor particular o lo que encuentre, para sacarme dinero en el caso de que tenga que irme a estudiar a otra provincia un año de carrera. Mejore mi nota o no, tengo plaza casi seguro en alguna universidad de España con mi nota actual (aunque me extrañaría no mejorarla tras tanto estudio).

Y eso, en resumen bastante extenso, es todo. Hoy cuando me despida con mi “sin más” será el día en el que lo habré dicho de la forma más sincera posible.

Espero que me comenteis que os parece este giro de, al menos, 180º en el concepto de que tenía de este año (ya vamos por los 360º, ¡¡yuhu!!). Nada más que decir, espero no haberme olvidado de algo. Gracias por leer hasta el final, ha debido de ser épico, o como diría Barney (de How I met your mother (Cómo conocí a vuestra madre en versión española)), legendario.

Sin más.

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~ por Navi en octubre 1, 2008.

7 comentarios to “Y, entonces, desperté”

  1. ¡Dios leo embobada todo lo que escribes!(Y no digas que ha sido largo, porque a mi s eme ha hecho bastante corto, las descripciones del señor Tolkien son largas…xD)
    Te he visto debatirte durante estas semanas. Y la verdad es que ha sido duro verte asi sin poder hacer nada más que esperar a que te decidieras, no podemos luchar por ti, lo que si podemos hacer es luchar contigo. Pero creo que ya sabes más que de sobra que estoy ahi para lo que quieras. Me alegra que por fin te hayas decidido y si es lo que de verdad quieres adelante. Sabes que no te conozco desde hace mucho, pero siempre he sabido que llegarias lejos, no eres uno más…
    En lo que a mi recpecta no te preocupes, tu palabra va a tener el mismo peso, es solo que te perdiste por el camino y rectificar y dar macha atrás es algo a lo que no todos se atreben.
    Bueno te voy a ir dejando ya, pero antes darte las gracias por no dejar este blog, ya que al menos proyect japan consiguió sacarme una sonrisa incluso en los momentos más tristes. Gracias por eso.

    Besos, Edalie.

  2. Dios he escrito atreverse con b, puto teclado en pantalla. Sorry por hacer que os sangren los ojos…

    Bye-bee!!!

  3. Que bieeeeeeeeeeeeen!! Me alegro muxo de q hayas dado el paso, d verdad, y no se no se… a mi m hace ilusion pensar que he tenido algo que ver pero ya se que no…jeje.. Que pasa? soy feliz… Ya sabia yo que alguien con una vocacion como la tuya no podia seguir asi y estoy segura de que no te arrepentiras! Ale, pues ahora a estudiar muxo que seguro que llegas, el primer paso ya esta dado y ese era el mas dificil.
    Joe, ahora te tendre que comprar la bata negra.. d dnd saco yo eso??jajaja… Que pegos, dios mio…
    Ya nos veremos!
    Besooos!

  4. Bueno Victor, es la primera vez que te escribo aqui y nada queria hacerlo para desearte toda la suerte del mundo. Creo que es una decision acertada, como bien dices, iba a ser una tortura seguir por ese camino si tu vocacion va por otros derroteros. Lucha por lo que quieres en tu vida y aunque te cerraran la puerta en primera instancia seguro que la echas abajo con esfuerzo y dedicación. Espero que te cogieran en ese ciclo y sino a prepararse mucho para la selectividad que verás como el año que viene ya estás en el camino que de verdad quieres.

    Saludos y bueno lo dicho, mucha suerte!!!

  5. No creo q debas juzgar una carrera por unas pocas horas de clase y más siendo basicamente presentaciones. Además el primer año nunca da una idea real de como será ni la carrera en si ni tu vida como informático. Como compañera tuya, las clases me motivan muchisimo, tengo ganas de aprender y creo q los profesores son más que estupendos. No critico para nada tu decisión,pero tienes que tenerla muy clara. Piensa en lo que vendrán los años siguientes…programar,inteligencia artificial,…etc. Pero si lo que deseas realmente es medicina, te animo a que cumplas tu sueño,porque solo tenemos una vida y no debemos vivirla a disgusto. Espero que tengas suerte. ¡Un saludo!

  6. L, precisamente, es motivación de la que hablas es algo que yo no he sentido en ningún momento, y que si siento pensando en lo que me espera en medicina solo escuchando lo que me cuentan compañeros que sí han conseguido entrar en medicina en Córdoba.
    Gracias por comentar, espero que tengas mucha suerte en la carrera. Un saludo.

  7. [...] de lugar. Seguramente pensaréis que es una auténtica chorrada, pero no lo es. Ya en la entrada Y, entonces, desperté comenté que a la edad de cinco años, más o menos, el primer ordenador entró en mi casa y pasó [...]

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